Artrosis de rodilla: tratamientos y buenos hábitos

Tratamientos para artrosis de rodilla

La artrosis de rodilla es una de las causas más frecuentes de dolor, rigidez y pérdida de movilidad en esta articulación. Aunque suele asociarse al paso de los años, también puede aparecer en personas más jóvenes como consecuencia de lesiones previas, sobrecarga, determinadas alteraciones de la alineación de la pierna u otros factores.Tener artrosis no significa que haya que dejar de moverse ni que la cirugía sea inevitable. El tratamiento se adapta a cada paciente y puede incluir ejercicio terapéutico, fisioterapia, control del peso, medicación, infiltraciones y, cuando el daño articular es avanzado y limita de manera importante la vida diaria, cirugía.Conocer qué medidas pueden ayudar y cuáles conviene evitar es fundamental para mantener la función de la rodilla. Si además del dolor notas inflamación frecuente, pérdida de movilidad o dificultad para caminar, puedes consultar también cuáles son los principales síntomas de una rodilla desgastada.

¿Qué es la artrosis de rodilla?

La artrosis de rodilla es una enfermedad articular en la que se producen cambios progresivos en las estructuras que forman la articulación. Uno de los tejidos más afectados es el cartílago articular, que recubre los extremos de los huesos y facilita un movimiento suave entre el fémur y la tibia.

Cuando este cartílago pierde sus propiedades, la articulación puede soportar peor las cargas y aparecen otros cambios en el hueso, la membrana sinovial, los ligamentos y la musculatura que rodea la rodilla. Por ello, la artrosis no debe entenderse únicamente como un problema de “desgaste del cartílago”.

Los síntomas pueden variar mucho de una persona a otra. Entre los más habituales se encuentran el dolor de rodilla al caminar o subir y bajar escaleras, rigidez después de permanecer un tiempo sentado, pérdida progresiva de movilidad, inflamación, crujidos acompañados de molestias o dificultad para realizar actividades cotidianas.

La intensidad de los síntomas tampoco siempre coincide con lo que se observa en una radiografía. Por eso, el diagnóstico y las decisiones sobre el tratamiento deben basarse en una valoración individual realizada por un especialista.

Tratamientos para la artrosis de rodilla

El tratamiento de la artrosis de rodilla depende de factores como el grado de afectación de la articulación, la intensidad del dolor, la movilidad, el nivel de actividad, las enfermedades asociadas y el impacto que los síntomas tienen en la vida del paciente.

En general, se intenta comenzar con medidas conservadoras. Las principales guías clínicas consideran el ejercicio terapéutico y, cuando sea necesario, el control del peso como componentes fundamentales del tratamiento. La medicación o las infiltraciones pueden utilizarse en determinados casos para controlar los síntomas y facilitar la actividad física.

Ejercicio y fisioterapia

El movimiento es una parte esencial del tratamiento. Salvo que exista una contraindicación concreta, tener artrosis no significa que la rodilla deba mantenerse en reposo. De hecho, reducir excesivamente la actividad puede favorecer la pérdida de fuerza muscular y hacer que determinadas actividades resulten cada vez más difíciles.

La guía sobre artrosis del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) incluye el ejercicio terapéutico adaptado entre las medidas principales para las personas con artrosis y recomienda trabajar tanto el fortalecimiento muscular como la capacidad aeróbica.

En la artrosis de rodilla suele ser especialmente importante fortalecer los cuádriceps, los glúteos y el resto de la musculatura que participa en la estabilidad de la pierna. La fisioterapia también puede ayudar a mejorar la movilidad, trabajar el equilibrio y adaptar los ejercicios al nivel funcional de cada paciente.

Es posible notar cierta molestia al comenzar un programa de ejercicio. La intensidad, frecuencia y progresión deben ajustarse de forma individual, especialmente cuando existe dolor intenso, inflamación frecuente o una limitación importante del movimiento.

Control del peso

Cuando existe sobrepeso u obesidad, reducir peso puede disminuir la carga que recibe la rodilla durante actividades como caminar, levantarse de una silla o subir escaleras. Además, puede contribuir a mejorar la función física y reducir el dolor.

No se trata de seguir dietas extremas, sino de alcanzar un peso saludable mediante cambios que puedan mantenerse a largo plazo. Las recomendaciones de NICE indican que cualquier reducción de peso puede resultar beneficiosa en personas con artrosis y exceso de peso y que, en general, una pérdida mayor puede producir una mejoría superior de los síntomas.

El control del peso debe entenderse como una parte más de un plan global que incluya actividad física y fortalecimiento muscular, no como un tratamiento aislado.

Medicación para la artrosis de rodilla

Los medicamentos pueden utilizarse para reducir el dolor en determinados momentos y facilitar que la persona continúe moviéndose y realizando ejercicio terapéutico. Sin embargo, no todos los fármacos son adecuados para todos los pacientes.

Entre las opciones que puede valorar un profesional se encuentran determinados antiinflamatorios de aplicación tópica y, en algunos casos, antiinflamatorios por vía oral. Estos últimos requieren especial precaución en personas con determinadas enfermedades cardiovasculares, digestivas, renales o hepáticas y cuando se toman otros medicamentos.

Por esta razón, no es recomendable mantener durante largos periodos un tratamiento analgésico o antiinflamatorio por cuenta propia. El tipo de medicamento, la dosis y la duración deben decidirse teniendo en cuenta el estado de salud de cada persona.

Infiltraciones en la rodilla

Las infiltraciones consisten en introducir una sustancia dentro de la articulación o en una zona próxima a ella mediante una aguja. Pueden plantearse en determinados pacientes cuando el tratamiento inicial no consigue controlar suficientemente los síntomas.

Existen distintos tipos de infiltraciones y su indicación depende de cada caso. Por ejemplo, los corticoides intraarticulares pueden proporcionar alivio del dolor durante un periodo limitado en algunos pacientes. En cambio, la evidencia científica sobre otras sustancias no es uniforme y las recomendaciones pueden variar según el producto y la situación clínica.

La guía de la American Academy of Orthopaedic Surgeons sobre artrosis de rodilla, por ejemplo, no recomienda el uso rutinario de infiltraciones de ácido hialurónico en todos los pacientes con artrosis sintomática.

Por ello, una infiltración no debe considerarse una solución automática para cualquier dolor de rodilla. El traumatólogo debe valorar el origen de las molestias, el estado de la articulación, los tratamientos previos y los posibles beneficios en cada paciente.

En Advansur también se realizan infiltraciones ecoguiadas, en las que el especialista utiliza la ecografía para visualizar las estructuras y dirigir la aguja hacia la zona que se desea tratar.

Cirugía para la artrosis de rodilla

La cirugía se plantea principalmente cuando la artrosis produce dolor y una limitación funcional importantes y las medidas conservadoras ya no consiguen ofrecer un control suficiente de los síntomas.

La decisión no debe depender únicamente de una radiografía. Se tienen en cuenta aspectos como cuánto limita el dolor al caminar, dormir, trabajar o realizar actividades cotidianas; la movilidad de la articulación; la existencia de deformidad y la respuesta obtenida con los tratamientos no quirúrgicos.

No todas las operaciones de rodilla tienen la misma finalidad. En determinados pacientes pueden existir indicaciones quirúrgicas específicas, pero una artroscopia destinada únicamente a “limpiar” una rodilla artrósica no se recomienda de forma rutinaria como tratamiento de la artrosis.

Cuando existe un deterioro articular avanzado, una de las alternativas que puede valorarse es la sustitución de las superficies articulares dañadas mediante una prótesis.

Prótesis de rodilla y cirugía robótica

La prótesis de rodilla puede estar indicada cuando el daño articular es avanzado, el dolor afecta de manera significativa a la calidad de vida y otras alternativas no han conseguido un resultado suficiente.

Dependiendo de qué zonas de la rodilla estén afectadas y de las características del paciente, el especialista puede valorar distintos tipos de prótesis. El objetivo de la intervención es sustituir las superficies articulares dañadas para mejorar el dolor y recuperar función.

Artrosis de rodilla: tratamientos y buenos hábitos

Actualmente, determinadas operaciones protésicas también pueden realizarse con sistemas de asistencia robótica. La cirugía asistida por robot en rodilla permite al cirujano utilizar información digital para planificar determinados pasos de la intervención y ayudar a ajustar la posición de los componentes a la anatomía del paciente.

Es importante aclarar que el robot no opera de manera autónoma. El traumatólogo continúa siendo quien planifica y dirige la intervención. La tecnología funciona como una herramienta de asistencia durante el procedimiento.

Además, disponer de cirugía robótica no significa que todas las personas con artrosis necesiten una prótesis ni que todos los pacientes candidatos a una prótesis necesiten necesariamente asistencia robótica. La indicación debe establecerse tras estudiar cada rodilla de forma individual.

¿Qué es bueno para la artrosis de rodillas?

Artrosis de rodilla: tratamientos y buenos hábitos

Uno de los errores más frecuentes ante el dolor es reducir cada vez más la actividad. Sin embargo, en muchas personas con artrosis resulta más beneficioso mantener un nivel de movimiento adaptado y trabajar progresivamente la fuerza, la movilidad y la capacidad cardiovascular.

Caminar, utilizar una bicicleta estática, realizar ejercicios específicos y evitar largos periodos de inactividad pueden formar parte de una rutina saludable. La cantidad adecuada dependerá del estado de la rodilla y de la respuesta de cada persona.

¿Es bueno andar para la artrosis de rodilla?

Andar suele ser una actividad adecuada para muchas personas con artrosis de rodilla, siempre que la duración, la velocidad y el terreno se adapten a su capacidad.

Caminar permite mantener la movilidad de la articulación, trabajar la musculatura de las piernas y realizar actividad aeróbica sin necesidad de movimientos especialmente complejos. No hace falta comenzar con paseos largos. Puede ser preferible realizar recorridos más cortos de forma regular e incrementarlos progresivamente.

Si después de caminar aparece un aumento importante del dolor o de la inflamación, conviene revisar la cantidad de actividad, el ritmo, el terreno y el calzado. Una reagudización de los síntomas no significa necesariamente que caminar sea perjudicial, pero sí puede indicar que es necesario ajustar la carga.

Cuando existe una limitación importante, sensación de inestabilidad o dificultad para apoyar la pierna, es recomendable realizar una valoración antes de iniciar un programa de caminatas.

¿Es bueno hacer bicicleta para la artrosis de rodilla?

La bicicleta, especialmente la bicicleta estática, puede ser otra alternativa de ejercicio de bajo impacto para muchas personas con artrosis de rodilla. El movimiento repetido permite trabajar la movilidad mientras los músculos de la pierna participan en el pedaleo.

Para comenzar puede utilizarse una resistencia baja y sesiones cortas, aumentando progresivamente según la tolerancia. También es importante regular correctamente la altura del sillín para evitar una flexión excesiva de la rodilla.

Si existe una pérdida importante de movilidad que impide completar cómodamente el movimiento del pedal, dolor intenso o inflamación activa, puede ser necesario adaptar previamente el ejercicio con ayuda de un fisioterapeuta.

Ejercicios para fortalecer la rodilla

El fortalecimiento ayuda a que la musculatura participe mejor en la estabilidad y el movimiento de la articulación. El programa exacto debe adaptarse a cada persona, pero algunos ejercicios utilizados habitualmente en rehabilitación son:

  • Contracciones de cuádriceps: tensar de forma controlada la musculatura de la parte anterior del muslo manteniendo la pierna apoyada.
  • Elevación de la pierna estirada: elevar lentamente la pierna manteniendo la rodilla extendida, siempre que pueda hacerse sin aumentar de forma importante el dolor.
  • Sentarse y levantarse de una silla: permite trabajar cuádriceps y glúteos utilizando un movimiento habitual de la vida diaria.
  • Ejercicios de glúteos: fortalecer la cadera también contribuye al control del miembro inferior durante la marcha.
  • Trabajo de equilibrio: puede resultar útil para mejorar el control de la pierna y la seguridad al caminar.

No es necesario realizar todos los ejercicios ni hacer un elevado número de repeticiones desde el primer día. La progresión debe ser gradual. Si un ejercicio provoca dolor intenso, bloqueo, inestabilidad o una inflamación marcada, debe interrumpirse y revisarse con un profesional.

Hábitos para reducir el dolor y la rigidez

Además del tratamiento específico, algunas modificaciones en la rutina diaria pueden facilitar el control de los síntomas. Entre las más útiles se encuentran:

  • Mantenerse activo: alternar actividad y descanso suele ser preferible a pasar largos periodos completamente inactivo.
  • Evitar cambios bruscos de carga: si se lleva tiempo sin hacer ejercicio, es mejor aumentar la duración y la intensidad progresivamente.
  • Fortalecer la musculatura: una pierna más fuerte puede afrontar mejor muchas de las tareas cotidianas.
  • Cuidar el peso: especialmente cuando existe sobrepeso u obesidad.
  • Elegir actividades tolerables: caminar, bicicleta o ejercicio acuático son alternativas que pueden adaptarse a distintos niveles funcionales.
  • Utilizar un calzado cómodo: especialmente cuando se van a realizar caminatas o ejercicio.
  • Evitar permanecer demasiado tiempo en la misma posición: pequeños cambios de postura y movimiento pueden ayudar frente a la sensación de rigidez.

El objetivo no consiste en que la rodilla permanezca completamente libre de cualquier molestia antes de moverse, sino en encontrar un nivel de actividad que pueda mantenerse de forma regular y segura.

Qué evitar si tienes artrosis de rodilla

La artrosis no obliga a eliminar toda actividad física. De hecho, el reposo prolongado puede contribuir a perder fuerza y capacidad funcional. Lo que normalmente conviene evitar es aquello que desencadena de forma repetida un aumento importante de los síntomas o supone una carga para la que la rodilla todavía no está preparada.

Entre los aspectos que conviene vigilar se encuentran:

  • El reposo prolongado y abandonar por completo la actividad física.
  • Aumentar bruscamente la cantidad o intensidad del ejercicio.
  • Forzar movimientos que provocan dolor intenso o sensación de bloqueo.
  • Realizar repetidamente actividades de alto impacto cuando aumentan claramente los síntomas.
  • Mantener durante mucho tiempo posiciones de flexión profunda si resultan dolorosas.
  • Tomar antiinflamatorios o analgésicos durante periodos prolongados sin supervisión médica.
  • Ignorar una inflamación importante, una pérdida progresiva de movilidad o un empeoramiento persistente del dolor.

Cada persona presenta una artrosis diferente. Una actividad que resulta cómoda para un paciente puede no ser adecuada para otro, por lo que las recomendaciones deben adaptarse al grado de afectación y a los objetivos personales.

Si el dolor de rodilla está limitando tus actividades habituales, puedes solicitar una valoración en la Unidad de Rodilla y Cadera de Advansur. El especialista podrá estudiar el origen de los síntomas y determinar si conviene comenzar con tratamiento conservador, modificar el tratamiento actual o valorar otras alternativas.

En casos de artrosis avanzada, la valoración de un traumatólogo especialista en rodilla permite analizar las opciones disponibles de manera individualizada, incluida la cirugía protésica cuando exista una indicación adecuada.

Solicita una cita con el equipo de Advansur en Sevilla para estudiar tu caso y conocer qué tratamiento puede ajustarse mejor al estado de tu rodilla.

Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye una valoración médica individual. Ante dolor intenso, inflamación importante, bloqueo de la rodilla, incapacidad para apoyar o un empeoramiento de los síntomas, consulta con un profesional sanitario.

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